Desmitificar la Masonería: una conversación necesaria
- Autor CGLE
- 3 nov 2025
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En días recientes, el Muy Respetable Gran Maestro Armando Nadim González Zaffa participó en un espacio de diálogo abierto cuyo propósito central fue desmitificar la masonería y acercarla, desde la reflexión y la verdad, a la sociedad contemporánea. En un contexto donde abundan rumores, prejuicios y narrativas distorsionadas, este tipo de ejercicios se vuelven no solo pertinentes, sino necesarios.
Durante la conversación, se enfatizó que la masonería no es una religión ni una secta, y mucho menos una organización dedicada a fines oscuros o conspirativos. Se trata, por el contrario, de una institución discreta, de carácter iniciático y filosófico, cuyo eje principal es el perfeccionamiento moral e intelectual del ser humano. La discreción —aclaró— no implica ocultamiento, sino respeto por los procesos internos y por el simbolismo que acompaña el trabajo masónico.
Uno de los puntos medulares abordados fue el propósito fundamental de la masonería: la autoconstrucción del individuo. El masón trabaja sobre sí mismo con la convicción de que una mejor persona será, inevitablemente, un mejor ciudadano, un mejor padre, un mejor profesionista y un mejor miembro de la sociedad. Desde esta perspectiva, la masonería no busca transformar al mundo de manera directa, sino impactar positivamente en la sociedad a través del ejemplo personal.
Asimismo, se desmontaron algunos de los mitos más recurrentes que rodean a la Orden: supuestos rituales oscuros, prácticas satánicas, control del poder político o económico, e incluso ideas fantasiosas relacionadas con magia o poderes sobrenaturales. Estas creencias, se explicó, suelen surgir de la desinformación, de la lectura superficial del simbolismo masónico o de contenidos sensacionalistas que circulan sin sustento alguno. La masonería trabaja con símbolos, sí, pero estos son herramientas de reflexión ética y filosófica, no de superstición.
En cuanto a su relación con la religión y la política, se subrayó que dentro de las logias no se discuten temas políticos ni religiosos, preservando así un espacio de armonía y respeto. La masonería exige la creencia en un Ser Superior, pero no impone dogmas ni credos específicos, reconociendo la diversidad espiritual como una riqueza, no como un obstáculo.
También se destacó la labor social y filantrópica que históricamente ha caracterizado a la masonería. Una labor que, en congruencia con sus principios, se ejerce de manera discreta, sin protagonismos ni búsqueda de reconocimiento público. Numerosas organizaciones civiles, educativas y altruistas que hoy forman parte del tejido social moderno encuentran su origen o inspiración en ideales masónicos.
Finalmente, se hizo una reflexión sobre la vigencia de la masonería en la actualidad. Lejos de ser una institución anclada en el pasado, continúa adaptándose a los tiempos, promoviendo la cultura, la educación, el pensamiento crítico y el fortalecimiento de los valores humanos y familiares. Iniciativas como foros públicos, conferencias culturales y espacios museísticos —como el Museo UNES “El Águila Negra”— dan cuenta de este esfuerzo por dialogar con la sociedad desde la apertura y el respeto.
El mensaje es claro: la masonería no promete privilegios ni beneficios materiales. Ofrece, en cambio, un camino de trabajo interior, responsabilidad social y compromiso ético. Desmitificarla no es un acto de defensa, sino un ejercicio de honestidad intelectual. Conocerla desde fuentes serias y voces autorizadas es el primer paso para comprender que, en esencia, la masonería es un reflejo de la vida misma: un constante proceso de aprendizaje, construcción y mejora.
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